La bioseguridad en odontología se ha reforzado mediante protocolos estrictos de control de infecciones, triage, ventilación, esterilización y uso racional de equipos de protección personal.
La filtración HEPA y aspiración de alta potencia reducen aerosoles, mientras que mascarillas FFP2, guantes y protección ocular protegen al equipo. La esterilización mediante autoclave y controles biológicos asegura desinfección de instrumental.
Los procedimientos generadores de aerosoles requieren especial atención y los pacientes vulnerables deben ser evaluados cuidadosamente. La bioseguridad incrementa la seguridad y confianza aunque aumenta costes y tiempos operativos. La formación continua y la documentación de protocolos son esenciales.